La alimentación de las personas con cáncer desempeña un papel fundamental en el proceso de recuperación, además de contribuir a mantener o reforzar el sistema inmunitario. Por ello, es recomendable consultar con un especialista al elegir una dieta adecuada.
Las opiniones populares sobre diversos productos, como los “hongos vitales”, los huesos de albaricoque o la leche, pueden resultar engañosas para las personas con cáncer. Seguir estas tendencias alimentarias puede ser perjudicial.
Las personas con cáncer a menudo lidian con trastornos alimentarios, por lo que deben extremar la precaución al excluir o incorporar distintas sustancias en su dieta.
¿Los hongos vitales son un complemento del tratamiento oncológico?
Uno de los mitos que rodean la nutrición oncológica son las supuestas propiedades extraordinarias de los “hongos vitales”. Aunque algunas características inmunomoduladoras y ciertas tradiciones asiáticas suenan prometedoras, la oncología carece de evidencia sólida que respalde su eficacia como tratamiento.
Además, algunos hongos con efectos psicoactivos pueden interactuar con la quimioterapia, por lo que cualquier intención de consumirlos debe consultarse primero con el equipo médico.
La vitamina C cura el cáncer
La vitamina C lleva años generando controversia. Algunas personas afirman que es un tratamiento milagroso contra el cáncer; otras, que es completamente innecesaria. Pero, ¿qué dice la ciencia al respecto?
Actualmente no existe evidencia de que la vitamina C por sí sola trate el cáncer, ni por vía oral ni intravenosa.
La investigación sobre sus efectos en combinación con el tratamiento estándar continúa, con resultados dispares. Algunos estudios muestran posibles beneficios (incluida la reducción de efectos secundarios), mientras que otros apuntan a lo contrario: una disminución de la eficacia de la terapia en ciertos tipos de cáncer (por ejemplo, leucemia, mieloma múltiple).
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La suplementación con vitamina C no mejora de forma clara la supervivencia ni la calidad de vida en pacientes con cáncer.
Las dosis altas de vitamina C pueden ser peligrosas:
- en personas con enfermedad renal,
- en personas con deficiencia de la enzima glucosa-6-fosfato deshidrogenasa (riesgo de destrucción de células sanguíneas),
- en caso de hemocromatosis (exceso de hierro en el organismo).
¿La buena noticia? Puedes cubrir fácilmente tus necesidades de vitamina C a través de la alimentación: frutas y verduras frescas. Esto es especialmente importante si tienes cáncer, ya que el riesgo de deficiencia aumenta.
El azúcar alimenta el cáncer
El azúcar no “alimenta” el cáncer de forma exclusiva. La glucosa es la principal fuente de energía para todas las células, no solo para las cancerosas. Las células tumorales también obtienen energía de otras fuentes, como proteínas y grasas. Por tanto, el cáncer no puede “morir de hambre”. Sin fuentes de energía adecuadas, las personas con cáncer corren el riesgo de desnutrición, lo que puede afectar a su respuesta al tratamiento.
Dieta cetogénica en el tratamiento del cáncer
La dieta cetogénica es objeto de investigación, pero su eficacia como complemento del tratamiento oncológico no está confirmada. Puede provocar pérdida de peso o deficiencias nutricionales. Es necesario consultar con un/a dietista-nutricionista acreditado/a antes de implementarla.
El cáncer es el resultado de la “acidificación” del cuerpo
El organismo regula su propio pH; los riñones y los pulmones, entre otros, se encargan de mantener el equilibrio ácido-base. Consumir alimentos que “alcalinizan” (como brócoli, espárragos o remolacha) puede ayudar con el reflujo en algunas personas, pero no previene ni inhibe el crecimiento de células cancerosas.




