Todo lo que necesitas saber sobre el cáncer de hígado 

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El hígado es uno de los órganos más importantes de nuestro cuerpo. Realiza muchas funciones, incluyendo detoxificante, inmunológica y metabólica, además, produce la bilis necesaria para la digestión de las grasas, acumula un aporte de vitaminas y produce y almacena glucosa. Desafortunadamente, sucede que se descuida la salud del hígado, lo cual conduce al desarrollo de enfermedades, incluido el cáncer. 

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 ¿Qué es el cáncer de hígado?

Se estima que los cánceres de hígado representan alrededor del 7% de todas las enfermedades de este grupo. Las estadísticas también muestran que ocurren hasta 3 veces más en hombres que en mujeres. El riesgo de desarrollar la enfermedad aumenta con la edad, alcanzando su punto máximo después de los 85 años. Los cánceres de este órgano se pueden clasificar en dos grupos:

  • Primario: hay un cáncer que se origina en las células del hígado o los conductos biliares.
  • Secundario: incluye tumores que surgen como resultado de metástasis de otros órganos, generalmente el recto y el colon, pero también la mama, los pulmones o el sistema genitourinario.

El 80-90% de las neoplasias malignas hepáticas primarias son HCC o carcinoma hepatocelular . La tasa de incidencia más alta se observa en la parte sureste de Asia, así como en los países africanos ubicados al sur del Sahara. A su vez, la más baja se registra en Centroeuropa, Estados Unidos y Escandinavia. El principal factor de riesgo para el cáncer es la cirrosis posinflamatoria, que se asocia con el VHB y el VHC (virus de la hepatitis B y C, respectivamente).

Otras causas incluyen:

  • Tabaquismo.
  • Abuso de alcohol.
  • Hemocromatosis.
  • Uso de anticonceptivos.
  • Cirrosis biliar primaria.
  • Uso de agentes anabólicos.

¿Cuáles son los síntomas del cáncer de hígado?

En su mayoría, el cáncer de hígado no causa síntomas característicos, lo que significa que no siempre se detecta en una etapa temprana. Si la enfermedad se desarrolla en una persona diagnosticada con cirrosis, entonces los únicos síntomas pueden ser: pérdida de peso, empeoramiento e ictericia. 

Cabe recordar que el cáncer de este órgano se desarrolla rápidamente y hace metástasis a otros órganos. Los síntomas generales que puede causar el cáncer son principalmente pérdida de apetito (que dura hasta varias semanas), debilidad y febrícula. En una etapa más avanzada aparece:

  • Dolor en el hipocondrio derecho.
  • Ascitis.
  • Hinchazón de la pierna.
  • Náuseas y vómitos (especialmente café molido).
  • Heces alquitranadas.

A veces se producen lesiones cutáneas como la queratosis actínica o la dermatomiositis en el curso del cáncer de hígado. El órgano en sí puede ser duro, agrandado y nodular.

Diagnóstico de cáncer de hígado

Aunque no hay síntomas típicos que sugieran el desarrollo de cáncer de hígado maligno en una etapa temprana, notar los síntomas mencionados anteriormente al menos debería impulsar una visita a un médico de atención primaria. 

Si resulta necesario, ordenará las pruebas necesarias o indicará un especialista al que acudir. Las personas del grupo de riesgo deben prestar especial atención a su salud, es decir, los diagnosticados con cirrosis hepática no alcohólica o los que padecen hepatitis C.

El diagnóstico de cáncer, incluido el cáncer de hígado, siempre comienza con una entrevista detallada con el paciente. Sin embargo, no es posible diagnosticar la enfermedad únicamente sobre la base de la información sobre los síntomas observados, el estado general de salud o los medicamentos que se toman. 

Por lo general, las dudas no se disipan con simples exámenes médicos y morfología, por lo que es necesario utilizar métodos de diagnóstico adicionales. Una de ellas es la ecografía abdominal, pero hay que tener en cuenta que no es lo suficientemente precisa para determinar con claridad la naturaleza del tumor. Si el examen muestra su presencia, se realizan adicionalmente una resonancia magnética y una tomografía computarizada. En el caso del hepatocarcinoma, gracias a ellos ya es posible diagnosticar la enfermedad e implementar el tratamiento adecuado.

En ocasiones es necesario realizar adicionalmente una biopsia hepática, con aguja fina o gruesa, realizada bajo anestesia local y guiada por ecografía. Las pruebas de laboratorio se complementan, pero no las llamadas. pruebas funcionales, incluyendo Concentración de ALT, AST o albúmina. 

Sus resultados pueden ser normales incluso a pesar del desarrollo del cáncer. Por ello, si se sospecha cáncer de hígado, se analiza la concentración de AFP (alfa-fetoproteína), que aumenta significativamente en algunos pacientes con hepatocarcinoma. Las personas diagnosticadas con cirrosis o infección por hepatitis B o C deben someterse regularmente, cada 6 meses, a un examen de ultrasonido, ya que tienen un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad.

Cáncer de hígado: pronóstico y tratamiento

Si el cáncer de hígado se detecta en una etapa temprana, el pronóstico es bueno. La presencia y localización de posibles metástasis así como la respuesta del organismo a la terapia tomada también son importantes en este sentido. Tanto en el caso de cánceres primarios como secundarios, el tratamiento quirúrgico es la base. 

Los métodos radicales utilizados son:

  1. Cirugía: escisión de la lesión neoplásica con un margen de tejido sano. Este método brinda la mejor posibilidad de curación, pero no se usa en todos los pacientes. No siempre es posible eliminar todos los cambios, especialmente cuando hay varios tumores, se infiltran en las estructuras circundantes o el parénquima hepático sano que queda no garantiza el correcto funcionamiento del organismo.
  2. Trasplante: una solución utilizada en un número muy pequeño de pacientes con carcinoma hepatocelular. Deben cumplir requisitos muy precisos.
  3. Radioablación: una alternativa a los métodos mencionados anteriormente, aplicable a pacientes con lesiones menores de 2 cm.

Estas no son las únicas formas de tratar el cáncer de hígado. Dependiendo de la etapa del cáncer, también se usan los siguientes:

  • Quimioterapia sistémica.
  • Quimioembolización arterial.
  • Radioterapia.
  • Crioablación.

Muy a menudo, las técnicas de tratamiento individuales se combinan para lograr mejores resultados. Después del tratamiento, es importante realizar controles periódicos, ya que el cáncer de hígado es una enfermedad con un alto riesgo de recurrencia. Sin embargo, incluso si esto sucede, la medicina moderna permite muchas opciones para continuar la lucha.

Independientemente de la edad, como parte de las medidas preventivas para proteger el hígado, vale la pena cuidar una dieta equilibrada y actividad física, y evitar los estimulantes. También debe recordarse que si el cáncer de este órgano se detecta lo suficientemente temprano, el tratamiento quirúrgico brinda la posibilidad de una recuperación completa. 

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Autor: Fundación Oncología – Alivia

Fuentes:

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